A la izquierda: “Avui no sé com”, obra de Alicia Mena Sellés basada en el poema “Hoy me sobra el corazón” de Miguel Hernández.

Pues eso pasa, que duele. Y no es bonito. Y no es fácil. Y hasta es posible que no sepas por qué, como explicarlo.

Puede que te hayas despistado, te hayas olvidado de algunas cosas importantes que sí están a tu lado, pequeñas, accesibles. Puede que estén tan cerca que ahora ni las veas.

Puede que hayas empezado a fantasear con otras cosas. Cosas lejanas que ni siquiera existen, que son sólo una posibilidad, quizá remota. Sueña, pero no conviertas un sueño en sufrimiento.

Incluso puede que hayas ido a lo que hiciste y preferiste no haber hecho. Permítete el arrepentimiento, podrás aprender de errores y hasta corregirlos. Pero no te instales en la culpa, no es útil.

Tampoco te culpes por sentir un poco de tristeza, no olvides que eres un ser humano. No olvides que la tristeza es una de las tantas emociones que puedes experimentar. No la niegues.

No pasa nada, deja que duela un poquito, deja que ese sentimiento exista. Acepta tu dolor, pero no permitas que se quede, no te instales en el sufrimiento.

Esto, como todo lo que te ha ocurrido, también pasará.

Como han pasado tantas cosas. A tantas vidas.

Nada permanece. Todo cambia.

¿Cuál es el origen de este post?

Hace unos días leí un poema de Miguel Hernández que me habló. Sí, a veces me pasan estas cosas. Supongo que le pasa a todo el mundo. Hay libros, textos, canciones que me entienden, o entiendo. O me hacen pensar.

Me dio por pensar en el mundo que habitamos, en la gente, en todas las vidas que han pasado antes que la nuestra. En todos los corazones que han vivido y sentido. Y en cuanto de lo que ellos vivieron tiene que ver con lo que hoy nosotros somos.

Fue en la Exposición Homenaje a Miguel Hernández 75×75, puedes visitarla gratis en el Museo de la Universidad de Alicante hasta el próximo 19 de noviembre.

A continuación el poema, ese que me recordó que todos tenemos un corazón. Y que a veces la vida duele. Sólo a veces.

HOY ME SOBRA EL CORAZÓN

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?… no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy, descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

(Miguel Hernández, Otros poemas, 1935-1936)

¿Esto te ha hecho pensar o sentir algo? Me gustaría saberlo, puedes escribir abajo, en los comentarios.